Una profesora publica una misiva en la que pide a los padres de alumnos que recapaciten sobre los motivos que les deben llevar a movilizarse.
Entiende que la excesiva ratio, la escasez de tecnología o la falta de acondicionamiento en las clases son más importantes que las tareas.
Para finales del presente mes de noviembre se ha convocado una movilización cuanto menos llamativa en el ámbito educativo, destinada a protestar contra la cantidad de deberes que los niños llevan a sus casas cada día cuando salen del colegio. La convoca Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), y pretende reivindicar la recuperación del tiempo libre de los alumnos y su familia, e incluso pedir su eliminación total.
De entrada, la CEAPA se siente arropada por sus miembros, e incluso por algunos profesores, pero no hay unanimidad en sector, como refleja la carta que una maestra de un colegio de Ayamonte (Huelva), Fátima Javier, ha escrito para expresar el sentir de muchos docentes no solo ante la convocatoria de la huelga, sino ante la situación global de la educación.
Y es que esta maestra, como ha explicado a eldiario.es/andalucia, no es que esté acuerdo o en desacuerdo con la convocatoria, sino que entiende que la CEAPA está perdiendo oportunidades preciosas para aprovechar su potencial como nexo entre la comunidad educativa y los padres del alumnados.
Por eso, la encabeza diciendo: "Me gustaría mucho que la CEAPA tuviera a bien leer este escrito que realiza desde el desconcierto una maestra de escuela, porque me encantaría apuntarles otros motivos para hacer huelga", como señala en las redes sociales en las que la ha publicado.
Reclama que se convoque una huelga "por favor, para que de una vez por todas se prohíba que cada partido político que alcanza el poder cambie de sistema educativo y vuelva loco a docentes y alumnos" o "porque en este país nuestro tan extravagante suban el PIB del 4 al 8 por ciento, que es lo que hacen en países nórdicos como Finlandia, pues invertir dinero es hacerlo en calidad educativa".
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Lee la noticia completa en eldiario.es
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dissabte, 19 de novembre del 2016
Jornada los deberes escolares a debate.
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dissabte, 22 d’octubre del 2016
Prescribir o no prescribir deberes escolares, ese no es el dilema.
Análisis de Antonio Valle Arias, catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación
Los estudiantes, profesores y padres son los tres pilares en torno a los que se asientan los deberes escolares. La investigación ha estado muy centrada en la cantidad de tiempo dedicado a los deberes, aunque esto no sea una garantía de calidad. Es más, demasiado tiempo puede significar, en ocasiones, unas bajas competencias en ese ámbito. Por el contrario, a veces, menos tiempo dedicado puede indicar mayores competencias. La clave no está en el tiempo dedicado a hacer los deberes sino en cómo aprovecha el estudiante ese tiempo.La motivación hacia los deberes está relacionada positivamente con la calidad de la implicación, es decir, con el enfoque o modo de trabajo al hacer los deberes. En unos casos, utilizan un enfoque de trabajo superficial y de escasa calidad para el proceso de aprendizaje, mientras que en otros usan un enfoque más profundo orientado a la construcción de significados y a la comprensión.En los deberes escolares también es importante el papel de los profesores, ya que son los responsables de prescribir o no deberes a sus alumnos. El hecho de que los deberes se conviertan en algo interesante y motivante, dependerá en gran medida de cómo el profesorado los prescriba y de la conexión que establezca con los aprendizajes realizados en el aula. Por eso es importante el feedback del profesor, ya que es una forma de que los alumnos perciban la calidad de sus progresos y así ayudarlos a superar las dificultades con las que se han encontrado al realizar los deberes. Para ser eficaz, el feedback debe aportar información sobre el progreso conseguido y sobre cómo actuar en el futuro.
Además del alumno que hace los deberes y del profesor que los prescribe, el papel de los padres también es fundamental. La implicación parental tiene consecuencias no solo en el resultado final de esas tareas sino también en el proceso de realización de las mismas por parte de sus hijos. El apoyo y feedback proporcionado por los padres constituye un factor que puede determinar, en gran medida, la implicación de los alumnos en los deberes. De este modo, proporcionar apoyo afectivo y emocional animando a los hijos a implicarse contribuye positivamente a mejorar su motivación e interés por la realización de los deberes escolares.Finalmente, indicar que el debate social en torno a los deberes lleva años estancado y muy polarizado. Por eso, es el momento de tomar decisiones sensatas y razonables basadas en evidencias empíricas y no tanto en reacciones emocionales. Algunas iniciativas, como la campaña promovida por la CEAPA de una «huelga de deberes», son poco constructivas y nada ejemplarizantes para la comunidad educativa, especialmente para los estudiantes. Quizás, el problema está en que se sigue pensando más en el cuánto que en el cómo y en los deberes escolares el cómo tendría que ser mucho más importante que el cuánto.Antonio Valle Arias es catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación, y coordinador del Grupo de Investigación en Psicología Educativa (GIPED).
Leído en: La voz de Galicia
Los estudiantes, profesores y padres son los tres pilares en torno a los que se asientan los deberes escolares. La investigación ha estado muy centrada en la cantidad de tiempo dedicado a los deberes, aunque esto no sea una garantía de calidad. Es más, demasiado tiempo puede significar, en ocasiones, unas bajas competencias en ese ámbito. Por el contrario, a veces, menos tiempo dedicado puede indicar mayores competencias. La clave no está en el tiempo dedicado a hacer los deberes sino en cómo aprovecha el estudiante ese tiempo.La motivación hacia los deberes está relacionada positivamente con la calidad de la implicación, es decir, con el enfoque o modo de trabajo al hacer los deberes. En unos casos, utilizan un enfoque de trabajo superficial y de escasa calidad para el proceso de aprendizaje, mientras que en otros usan un enfoque más profundo orientado a la construcción de significados y a la comprensión.En los deberes escolares también es importante el papel de los profesores, ya que son los responsables de prescribir o no deberes a sus alumnos. El hecho de que los deberes se conviertan en algo interesante y motivante, dependerá en gran medida de cómo el profesorado los prescriba y de la conexión que establezca con los aprendizajes realizados en el aula. Por eso es importante el feedback del profesor, ya que es una forma de que los alumnos perciban la calidad de sus progresos y así ayudarlos a superar las dificultades con las que se han encontrado al realizar los deberes. Para ser eficaz, el feedback debe aportar información sobre el progreso conseguido y sobre cómo actuar en el futuro.
Además del alumno que hace los deberes y del profesor que los prescribe, el papel de los padres también es fundamental. La implicación parental tiene consecuencias no solo en el resultado final de esas tareas sino también en el proceso de realización de las mismas por parte de sus hijos. El apoyo y feedback proporcionado por los padres constituye un factor que puede determinar, en gran medida, la implicación de los alumnos en los deberes. De este modo, proporcionar apoyo afectivo y emocional animando a los hijos a implicarse contribuye positivamente a mejorar su motivación e interés por la realización de los deberes escolares.Finalmente, indicar que el debate social en torno a los deberes lleva años estancado y muy polarizado. Por eso, es el momento de tomar decisiones sensatas y razonables basadas en evidencias empíricas y no tanto en reacciones emocionales. Algunas iniciativas, como la campaña promovida por la CEAPA de una «huelga de deberes», son poco constructivas y nada ejemplarizantes para la comunidad educativa, especialmente para los estudiantes. Quizás, el problema está en que se sigue pensando más en el cuánto que en el cómo y en los deberes escolares el cómo tendría que ser mucho más importante que el cuánto.Antonio Valle Arias es catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación, y coordinador del Grupo de Investigación en Psicología Educativa (GIPED).
Leído en: La voz de Galicia
Jornadas escolares de 50 horas.
La «huelga de deberes escolares» que plantea la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) durante los fines de semana de noviembre conlleva un importante aspecto positivo por encima de si se está a favor o en contra de los deberes, y es que abre un debate absolutamente necesario en la comunidad educativa y en la sociedad española.
Uno, que además de docente tiene hijas cursando estudios en ESO, se ha preguntado muchísimas veces cómo es posible que los jóvenes tengan jornadas escolares próximas a las cincuenta horas semanales. Sí, sí, diez horas más que un trabajador adulto. Los estudiantes adolescentes tienen 32 horas lectivas de clase, pero a esto hay que sumar las tareas escolares –el término deberes ya en sí es como poco motivante- de unas dos o tres horas diarias. Asimismo tenemos que añadir el tiempo de los fines de semana, muchas veces llenos de trabajos, de exámenes y de academias de inglés.
En su momento los trabajadores lucharon por tener unas condiciones mínimas en el empleo, reduciendo su jornada laboral a un máximo de 40 horas semanales. Creo que ha llegado el tiempo, nunca es tarde, de concienciar a toda la comunidad educativa de que un joven no puede dedicar a la escuela tantas horas de su vida –la llamada de CEAPA a la «huelga de deberes» ayuda a ello-, entre otras cosas porque el aprendizaje está en todas partes, también en el tiempo libre.
Si hay un país en Europa ejemplar en lo educativo, éste es Finlandia, muy similar en población a la Comunidad Valenciana y que consigue unos resultados extraordinarios en el aprendizaje del alumnado. Lo maravilloso de Finlandia es que lo logran sin cargar a los alumnos y alumnas de innumerables horas de estudio. En un video muy recomendable que se puede ver en YouTube en inglés con subtítulos en español titulado The Finland Phenomenon fruto de la investigación realizada por un profesor de la Universidad de Harvard, resulta sorprendente escuchar como jóvenes de la edad de mis hijas cuentan que tienen un máximo de tres o cuatro horas semanales de tareas para casa.
Detrás del debate sobre tareas escolares se suscitan diversas controversias educativas: ¿es poco exigente el sistema educativo español?, ¿es necesario un cambio de metodología a utilizar por el profesorado en las aulas?, ¿existe suficiente coordinación entre el profesorado de los centros? El número de preguntas que suscita la cuestión sé que es muchísimo mayor pero al menos quiero dar respuesta, aunque sea de una manera breve a estas tres. El sistema educativo español, contrariamente a lo que piensa mayoritariamente la opinión pública, es de los más exigentes de Europa. Numerosos estudios científicos sostienen que alumnado español que no consigue el título de ESO en nuestro país no tendría problemas en obtenerlo en otros países de nuestro continente. Por otra parte, es más que necesario cambiar la manera de impartir las clases, ahora mucho más enfocadas al aprendizaje memorístico que a la reflexión. Menos es más. Menos contenidos, pero vistos con mucha más profundidad. Respecto a la coordinación del profesorado, tan solo decir que mis hijas han tenido más de una vez durante el curso tres exámenes en el mismo día. Media hora de tarea de cada profesor supone tres horas de trabajo del alumno en su casa.
Por todo lo escrito, agradecer a CEAPA esta iniciativa, que abre un debate que espero termine si no con la eliminación completa de los "deberes", sí con su racionalización e incluso con un cambio de enfoque más lúdico para el alumnado que consiga aumentar su motivación por la educación y la cultura.
Leído en: levante
Uno, que además de docente tiene hijas cursando estudios en ESO, se ha preguntado muchísimas veces cómo es posible que los jóvenes tengan jornadas escolares próximas a las cincuenta horas semanales. Sí, sí, diez horas más que un trabajador adulto. Los estudiantes adolescentes tienen 32 horas lectivas de clase, pero a esto hay que sumar las tareas escolares –el término deberes ya en sí es como poco motivante- de unas dos o tres horas diarias. Asimismo tenemos que añadir el tiempo de los fines de semana, muchas veces llenos de trabajos, de exámenes y de academias de inglés.
En su momento los trabajadores lucharon por tener unas condiciones mínimas en el empleo, reduciendo su jornada laboral a un máximo de 40 horas semanales. Creo que ha llegado el tiempo, nunca es tarde, de concienciar a toda la comunidad educativa de que un joven no puede dedicar a la escuela tantas horas de su vida –la llamada de CEAPA a la «huelga de deberes» ayuda a ello-, entre otras cosas porque el aprendizaje está en todas partes, también en el tiempo libre.
Si hay un país en Europa ejemplar en lo educativo, éste es Finlandia, muy similar en población a la Comunidad Valenciana y que consigue unos resultados extraordinarios en el aprendizaje del alumnado. Lo maravilloso de Finlandia es que lo logran sin cargar a los alumnos y alumnas de innumerables horas de estudio. En un video muy recomendable que se puede ver en YouTube en inglés con subtítulos en español titulado The Finland Phenomenon fruto de la investigación realizada por un profesor de la Universidad de Harvard, resulta sorprendente escuchar como jóvenes de la edad de mis hijas cuentan que tienen un máximo de tres o cuatro horas semanales de tareas para casa.
Detrás del debate sobre tareas escolares se suscitan diversas controversias educativas: ¿es poco exigente el sistema educativo español?, ¿es necesario un cambio de metodología a utilizar por el profesorado en las aulas?, ¿existe suficiente coordinación entre el profesorado de los centros? El número de preguntas que suscita la cuestión sé que es muchísimo mayor pero al menos quiero dar respuesta, aunque sea de una manera breve a estas tres. El sistema educativo español, contrariamente a lo que piensa mayoritariamente la opinión pública, es de los más exigentes de Europa. Numerosos estudios científicos sostienen que alumnado español que no consigue el título de ESO en nuestro país no tendría problemas en obtenerlo en otros países de nuestro continente. Por otra parte, es más que necesario cambiar la manera de impartir las clases, ahora mucho más enfocadas al aprendizaje memorístico que a la reflexión. Menos es más. Menos contenidos, pero vistos con mucha más profundidad. Respecto a la coordinación del profesorado, tan solo decir que mis hijas han tenido más de una vez durante el curso tres exámenes en el mismo día. Media hora de tarea de cada profesor supone tres horas de trabajo del alumno en su casa.
Por todo lo escrito, agradecer a CEAPA esta iniciativa, que abre un debate que espero termine si no con la eliminación completa de los "deberes", sí con su racionalización e incluso con un cambio de enfoque más lúdico para el alumnado que consiga aumentar su motivación por la educación y la cultura.
Leído en: levante
diumenge, 25 de setembre del 2016
Las familias de la escuela pública llaman a boicotear los deberes en noviembre.
La confederación de familias de los centros públicos CEAPA reclama el apoyo de profesores y Gobiernos para que ninguno de los fines de semana de noviembre se pongan deberes escolares. Si ese respaldo externo no llega, CEAPA anima a los padres a secundar la primera huelga de deberes de España, similar a la que se convocó en Francia en 2012. “Queremos que desaparezcan de la vida de nuestros hijos”, pide. Cuatro comunidades tienen ya planes para “racionalizarlos”.
Los padres franceses fueron a la huelga contra los deberes porque había profesores que se saltaban una circular del Ministerio de Educación que los prohibía. En España, pedirlos depende de cada centro y hasta de cada profesor, aunque ya hay comunidades autónomas (como Canarias, Cantabria o Murcia) que han emitido recomendaciones para su “racionalización”. Madrid ha aprobado este jueves en la Asamblea regional una propuesta no vinculante para analizar los deberes en los centros de primaria públicos y concertados, informa Esther Sánchez.
Entre otras cuestiones, Madrid quiere analizar cuál es el tiempo máximo adecuado que se debe destinar por curso escolar. Una vieja recomendación estipula añadir 10 minutos al tiempo diario para las tareas conforme se avanza en los cursos: 10 minutos en primero de primaria, 20 en segundo…
La CEAPA, que integra 12.000 asociaciones de padres y madres, reclama que estas tareas se erradiquen totalmente. Y cree además que los chicos españoles dedican mucho más de lo que indica esa regla de los 10 minutos y también de lo que señalan los informes internacionales. Si la OCDE estimaba en 2012 que los chavales españoles tienen 6,5 horas semanales (por encima de las 4,8 horas de media en el resto de países), la confederación cree que en muchos casos son más de 10.
Una de cada cinco familias señala que sus hijos tienen dos horas y media diarias de tareas fuera de clase, según los datos preliminares de un estudio elaborado por la CEAPA con las respuestas de 1.748 padres y 472 menores, más del 90 % de pertenecientes a centros públicos. “La percepción generalizada es que cada vez hay más y se adelantan. Nos encontramos ya con niños de infantil que llevan tareas a casa”, explica José Luis Pazos, presidente de CEAPA, que añade: “Lo escolar tiene que quedar resuelto en la escuela”. La mitad de los padres encuestados creen que estas tareas afectan de forma negativa a su vida familiar. Y dos de cada cinco consideran que entran “a menudo” en conflicto con las necesidades de sus hijos.
La CEAPA ha iniciado una campaña con el lema En la escuela falta una asignatura: Mi tiempo libre y han lanzado una web. Las familias que quieran respaldar esa movilización para frenar los deberes en noviembre recibirán documentación para que su petición “tenga fundamento legal”. En esos documentos, según Pazos, se explicará al centro que el alumno lleva los deberes sin realizar “por decisión familiar”, con un justificante similar a los que entregan cuando hay una huelga educativa.
Fines de semana
“Los fines de semana es lo mínimo que se debería respetar”, valora Eva Bailén, la madre que en 2015 inició una campaña de recogida de firmas para la “racionalización” de estas tareas que hasta ahora ha recabado más de 215.000 apoyos.
“Es importante para que las familias vayan perdiendo el miedo y una buena manera de generar concienciación”, añade. Bailén empezó su protesta por la carga de tareas de su hijo mediano, al que acaba de cambiar de centro de uno público a otro privado sin deberes. A sus dos hijas —de 13 y 9 años y que siguen en el sistema público— no les suelen mandar mucho trabajo fuera del horario escolar. En cualquier caso, asegura, respaldaría la protesta.
dimarts, 15 de desembre del 2015
Adiós a los libros, deberes y exámenes. Bienvenidos el móvil y la tableta. Cada día más centros se suman al aprendizaje basado en proyectos
«Transformad esas antiguas aulas; suprimid el estrado y la cátedra del maestro... Hacedles medir, pesar, descomponer, crear y disipar la materia en el laboratorio; ... que descifren el jeroglífico, que reduzcan a sus tipos los organismos naturales, que interpreten los textos, que inventen, que describan, que adivinen nuevas formas doquiera... Y entonces, la cátedra es un taller, y el maestro, un guía en el trabajo». La cita bien podría adjudicarse a algún pedagogo contemporáneo. Seguro que muchos profesores la suscribirían. Pero no, tenemos que retroceder más de un siglo. Fueron palabras pronunciadas por el pedagogo rondeño Francisco Giner de los Ríos (ahora se cumple el centenario de su fallecimiento) en el discurso inaugural del curso 1880-1881 en la Institución Libre de Enseñanza. Hoy, 135 años después, siguen igual de vigentes. O más.
Porque a pesar, descomponer, crear y disipar la materia se dedican muchos niños, cada vez más. Alumnos de los colegios o institutos públicos Cartima, San Pedro, o Rectora Adelaida de la Calle, o de centros privados como Teresianas, Esclavas o El Pinar, se adentran en el mundo de la búsqueda de información, del aprendizaje colaborativo, de descubrir por ellos mismos y de elaborar sus propias conclusiones. Son, en síntesis, los principios del Aprendizaje Basado en Proyectos, APB, que sitúa al niño en el centro de la actividad formativa y que convierte al estudiante en protagonista de su propio aprendizaje.
Una metodología que no es nueva, a juzgar por las palabras de Giner de los Ríos, pero que con la irrupción de las nuevas tecnología ha cobrado un impulso renovado. La escuela del siglo XXI«no se puede concebir sin las herramientas digitales, sin internet y sin las herramientas tecnológicas más adecuadas», apunta Ángel Pérez, catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la UMA. Para Pérez Gómez, la clave de la educación está en cambiar un currículum basado en disciplinas al basado en problemas. «Se trata de cambiar de una enseñanza de hechos y datos por una enseñanza de conocimiento útil, una metodología basada en proyectos y en problemas, que los niños se metan en la vida real, se den de frente con problemas y proyectos concretos. Para resolverlos acuden al conocimiento disciplinar e instrumental, el niño se da cuenta de que para resolver el problema necesita el conocimiento, que ahora le resulta útil, le ayuda y como todo lo que nos es útil no se olvida», resume.
Lee la noticia completa: Una revolución educativa llama a la puerta de las aulas
Porque a pesar, descomponer, crear y disipar la materia se dedican muchos niños, cada vez más. Alumnos de los colegios o institutos públicos Cartima, San Pedro, o Rectora Adelaida de la Calle, o de centros privados como Teresianas, Esclavas o El Pinar, se adentran en el mundo de la búsqueda de información, del aprendizaje colaborativo, de descubrir por ellos mismos y de elaborar sus propias conclusiones. Son, en síntesis, los principios del Aprendizaje Basado en Proyectos, APB, que sitúa al niño en el centro de la actividad formativa y que convierte al estudiante en protagonista de su propio aprendizaje.
Una metodología que no es nueva, a juzgar por las palabras de Giner de los Ríos, pero que con la irrupción de las nuevas tecnología ha cobrado un impulso renovado. La escuela del siglo XXI«no se puede concebir sin las herramientas digitales, sin internet y sin las herramientas tecnológicas más adecuadas», apunta Ángel Pérez, catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la UMA. Para Pérez Gómez, la clave de la educación está en cambiar un currículum basado en disciplinas al basado en problemas. «Se trata de cambiar de una enseñanza de hechos y datos por una enseñanza de conocimiento útil, una metodología basada en proyectos y en problemas, que los niños se metan en la vida real, se den de frente con problemas y proyectos concretos. Para resolverlos acuden al conocimiento disciplinar e instrumental, el niño se da cuenta de que para resolver el problema necesita el conocimiento, que ahora le resulta útil, le ayuda y como todo lo que nos es útil no se olvida», resume.
Lee la noticia completa: Una revolución educativa llama a la puerta de las aulas
divendres, 25 de setembre del 2015
Los padres piden que se eliminen los deberes "obligatorios" (Continúa el debate sobre los deberes)
La Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), que representa a 12.000 asociaciones de centros públicos, quiere que los alumnos no tengan deberes “obligatorios” fuera de su jornada escolar. Los padres piden un debate “profundo” sobre esta actividad y sobre el calendario de clases de los estudiantes.
“Hemos recibido cientos de quejas de familias que nos muestran su desacuerdo de cómo la jornada escolar se está trasladando a los domicilios”, ha explicado Jesús Salido, presidente de Ceapa, en la rueda de prensa de valoración del inicio de curso, que han calificado como “caótico” por la ampliación de la implantación “a la carrera” de la reforma educativa. La LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa) se extiende este septiembre a todos los cursos de primaria, los impares de secundaria y 1º de bachillerato.
La confederación de familias considera que los deberes “generan una presión institucional hacia al alumnado”. “Si no los hacen pueden llegar a bajar nota”, señala Salido. “Los chicos hacen seis y siete horas de clase diarias más otras dos o tres horas de deberes, no tienen los fines de semana libres ni tampoco las vacaciones”, añade José Luis Pazos, tesorero de Ceapa. Según sus estimaciones, las jornadas que soportan los estudiantes pueden llegar a “60 horas semanales”. “¿Algún adulto lo admitiría? ¿Sus docentes aguantan 60 horas de trabajo?”, se ha preguntado el portavoz, que pide que los deberes sean siempre actividades “voluntarias” para los estudiantes.
Lo deberes escolares, según los padres de la pública, pueden generar “desigualdad” entre aquellos alumnos cuyas familias puedan pagar academias de refuerzo por la tarde y las que no. “Necesitamos un debate profundo sobre los tiempos escolares, el calendario y los tiempos de exámenes”, pide Pazos. Reclaman también que se cumpla “íntegro” el periodo de clases, con una media de 175 días anuales pero con variaciones por comunidades autónomas. La Ceapa reclama que los descansos no estén supeditados “a fechas religiosas”. Proponen adelantar a julio los exámenes de septiembre y que se impartan clases de apoyo durante el mes de junio, entre los días en los que acaban las clases y los que son los exámenes finales.
(...)
Leído en El Pais: Los padres piden que se eliminen los deberes “obligatorios”
“Hemos recibido cientos de quejas de familias que nos muestran su desacuerdo de cómo la jornada escolar se está trasladando a los domicilios”, ha explicado Jesús Salido, presidente de Ceapa, en la rueda de prensa de valoración del inicio de curso, que han calificado como “caótico” por la ampliación de la implantación “a la carrera” de la reforma educativa. La LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa) se extiende este septiembre a todos los cursos de primaria, los impares de secundaria y 1º de bachillerato.
La confederación de familias considera que los deberes “generan una presión institucional hacia al alumnado”. “Si no los hacen pueden llegar a bajar nota”, señala Salido. “Los chicos hacen seis y siete horas de clase diarias más otras dos o tres horas de deberes, no tienen los fines de semana libres ni tampoco las vacaciones”, añade José Luis Pazos, tesorero de Ceapa. Según sus estimaciones, las jornadas que soportan los estudiantes pueden llegar a “60 horas semanales”. “¿Algún adulto lo admitiría? ¿Sus docentes aguantan 60 horas de trabajo?”, se ha preguntado el portavoz, que pide que los deberes sean siempre actividades “voluntarias” para los estudiantes.
Lo deberes escolares, según los padres de la pública, pueden generar “desigualdad” entre aquellos alumnos cuyas familias puedan pagar academias de refuerzo por la tarde y las que no. “Necesitamos un debate profundo sobre los tiempos escolares, el calendario y los tiempos de exámenes”, pide Pazos. Reclaman también que se cumpla “íntegro” el periodo de clases, con una media de 175 días anuales pero con variaciones por comunidades autónomas. La Ceapa reclama que los descansos no estén supeditados “a fechas religiosas”. Proponen adelantar a julio los exámenes de septiembre y que se impartan clases de apoyo durante el mes de junio, entre los días en los que acaban las clases y los que son los exámenes finales.
(...)
Leído en El Pais: Los padres piden que se eliminen los deberes “obligatorios”
dijous, 11 de juny del 2015
Deberes, ¿rutina necesaria o condena?
Todos los días, al acabar su jornada, Diego se lleva a casa entre dos horas y media y tres horas de trabajo extra. Apenas tiene tiempo libre, y acusa los efectos del estrés. Diego no es un ejecutivo incapaz de desconectar o un asesor fiscal en época de impuestos. Es un niño de 10 años que cursa 5º de Primaria e intenta hacer todos los deberes que le mandan sus profesoras. Sus hermanas, Lara, de 12 años, y Nadia, de 8, tienen mucha menos tarea aunque van al mismo colegio público de Tres Cantos (Madrid). Mientras Diego está encerrado en su habitación, ellas salen a jugar o ven la televisión. Muchos días, cuando acaba, solo le da tiempo a cenar, ducharse e irse a la cama.
Es un niño que saca notables y sobresalientes, que según sus propias maestras es rápido en los exámenes y tiene buena comprensión lectora. Cuando su madre, Eva Bailén, fue a hablar con ellas, le propusieron que le limitara el tiempo para completar las tareas a una hora u hora y media. “Y si no termina, que asuma las consecuencias”, recuerda que le dijeron. “Les contesté que no, porque él quiere hacer los deberes”, cuenta esta ingeniera de Telecomunicaciones y autora de un blog sobre nuevas tecnologías en el ámbito familiar. Y añade: “Es muy duro contarle a los profesores que el niño ha necesitado que le enseñen técnicas de relajación y a gestionar la presión por el exceso de deberes y que ni se compadezcan”.
Tras hablar con el director y no conseguir tampoco ninguna solución, Bailén inició una petición de firmas en Change.org “por la racionalización de los deberes en el sistema educativo español”, que ha superado los 100.000 apoyos. Actualmente, las tareas en casa no están reguladas a nivel estatal, y normalmente, deciden los profesores o los centros. “Yo no era contraria a los deberes, pensaba que era bueno que los niños hicieran algo en casa y no estuvieran toda la tarde holgazaneando", explica. "Hasta que ves que tu hijo día tras día acaba llorando, que no ha podido jugar, que no es feliz”.
La petición vuelve a poner sobre la mesa un debate recurrente desde hace años en países como Estados Unidos, Canadá y Francia, donde se llegó incluso a convocar una huelga de deberes por parte de los padres en 2012. El caso de Diego refleja, llevado al extremo, los males del sistema actual en España, en los que coinciden los expertos consultados: deberes excesivos, falta de coordinación entre profesores, y tareas repetitivas, mecánicas e iguales para todos, sin tener en cuenta las necesidades de cada niño. También algunas de las consecuencias: tensión entre padres e hijos; familias cuyo tiempo libre está condicionado a lo que han decidido los profesores; niños que acaban por aborrecer el estudio y el colegio por aburrimiento; y aumento de las desigualdades por el nivel cultural y económico, que permite dar más o menos apoyo ante las dudas del alumno.
Puedes leer la noticia completa aquí: Deberes, ¿rutina necesaria o condena?
Es un niño que saca notables y sobresalientes, que según sus propias maestras es rápido en los exámenes y tiene buena comprensión lectora. Cuando su madre, Eva Bailén, fue a hablar con ellas, le propusieron que le limitara el tiempo para completar las tareas a una hora u hora y media. “Y si no termina, que asuma las consecuencias”, recuerda que le dijeron. “Les contesté que no, porque él quiere hacer los deberes”, cuenta esta ingeniera de Telecomunicaciones y autora de un blog sobre nuevas tecnologías en el ámbito familiar. Y añade: “Es muy duro contarle a los profesores que el niño ha necesitado que le enseñen técnicas de relajación y a gestionar la presión por el exceso de deberes y que ni se compadezcan”.Tras hablar con el director y no conseguir tampoco ninguna solución, Bailén inició una petición de firmas en Change.org “por la racionalización de los deberes en el sistema educativo español”, que ha superado los 100.000 apoyos. Actualmente, las tareas en casa no están reguladas a nivel estatal, y normalmente, deciden los profesores o los centros. “Yo no era contraria a los deberes, pensaba que era bueno que los niños hicieran algo en casa y no estuvieran toda la tarde holgazaneando", explica. "Hasta que ves que tu hijo día tras día acaba llorando, que no ha podido jugar, que no es feliz”.
La petición vuelve a poner sobre la mesa un debate recurrente desde hace años en países como Estados Unidos, Canadá y Francia, donde se llegó incluso a convocar una huelga de deberes por parte de los padres en 2012. El caso de Diego refleja, llevado al extremo, los males del sistema actual en España, en los que coinciden los expertos consultados: deberes excesivos, falta de coordinación entre profesores, y tareas repetitivas, mecánicas e iguales para todos, sin tener en cuenta las necesidades de cada niño. También algunas de las consecuencias: tensión entre padres e hijos; familias cuyo tiempo libre está condicionado a lo que han decidido los profesores; niños que acaban por aborrecer el estudio y el colegio por aburrimiento; y aumento de las desigualdades por el nivel cultural y económico, que permite dar más o menos apoyo ante las dudas del alumno.
Puedes leer la noticia completa aquí: Deberes, ¿rutina necesaria o condena?
diumenge, 24 de maig del 2015
Carta de un profesor a sus compañeros de profesión sobre los deberes: Yo confieso.
Alfonso González Balanza es profesor de Biología y Geología en Secundaria, estudia Humanidades en la UNIR, y padre de tres niños. Alfonso decidió imprimir su artículo y pegarlo en el tablón de anuncios del centro donde trabaja, y donde asisten a clase sus hijos.
Yo confieso
La inmensa mayoría de los maestros (mis compañeros de profesión) considera que los deberes son absolutamente necesarios. Muchos estarían dispuestos a discutir sobre la cantidad adecuada, pero que hay que mandar deberes no se lo cuestionan; es algo tan evidente como que en invierno hace frío y que en verano hace calor. Digamos que es el orden natural de las cosas. Los maestros deben mandar deberes y los niños deben hacen deberes por la misma razón que la Tierra da vueltas alrededor del Sol y las plantas florecen en primavera: porque así ha sido siempre y porque así debe ser. La maldición bíblica “ganarás el pan con el sudor de tu frente” está tan arraigada en nuestra cultura que la hacemos extensible a los niños. La vida es dura; en este valle de lágrimas no estamos para disfrutar, sino para sufrir.
A casi cualquier maestro que le preguntes por la conveniencia de mandar deberes a los niños te contestará, igual que se recita un mantra, que los deberes cumplen tres funciones: refuerzan lo aprendido, enseñan responsabilidad y crean un hábito de trabajo. Y de ahí no los vas a sacar. Eso es lo que hicieron con ellos sus maestros, eso es lo que les han enseñado en la escuela de magisterio y eso es lo que harán hasta que se jubilen. No importa que nuestro país, año tras año, esté a la cola de los países avanzados, en cuanto al rendimiento escolar se refiere, a pesar de que nuestros alumnos sean los que más días de clase tiene al año y más horas dedican a los deberes en casa. Da igual que todos los estudios internacionales demuestren que los países en los que menos deberes se mandan (o en los que directamente están prohibidos por ley) sean los que mejores resultados obtienen; da igual que todas las investigaciones serias hayan demostrado que los deberes no sólo no sirven para nada, sino que pueden ser perjudiciales. Para muchos de mis compañeros de profesión tales estudios son una patraña de pedagogos progres que no quieren que a los niños se les transmita la cultura del esfuerzo.
Frente a esos argumentos repetidos por tantos profesores, mi experiencia me dice que los deberes son inútiles, antipedagógicos, profundamente injustos y, lo que es peor, impiden a los niños realizar otras actividades mucho más importantes. Pero en primer lugar voy a explicar por qué, a mi juicio, tales argumentos son una falacia y un sofisma.
¿Hábito de trabajo? Si dedicar 9 meses al año, 5 días a la semana y 5 horas diarias a la realización de tareas escolares, para un niño de entre 6 y 11 años, no es suficiente para lograr un hábito de trabajo, que alguien me explique qué se necesita para lograr ese hábito. Niños en edad de correr y jugar, están sentados en una silla de madera 5 horas diarias realizando tareas aburridas y repetitivas, mientras exigimos que estén en silencio y concentrados. Cuando los profesores asistimos durante nuestra jornada laboral a una charla de más de una hora, nos retorcemos en nuestros asientos y miramos el reloj con desesperación, a pesar de que somos adultos y se nos supone una mayor capacidad de autocontrol y sacrificio, ¡por no mencionar que nos pagan por ello! Mi hija de 8 años, por ejemplo, dedica al trabajo muchas más horas que yo y que absolutamente todos los profesores que conozco (y conozco muchos).
¿Responsabilidad? Existen muchas formas de enseñar responsabilidad, y no sólo la de cumplir con la obligación de hacer deberes; sin olvidar que no podemos exigir responsabilidad a quien por su edad no es responsable de su tiempo ni de sus circunstancias. La responsabilidad se adquiere progresivamente, y me parece normal empezar a exigirla en la ESO, pero no en Primaria: el tiempo del que disponen los niños por la tarde o los fines de semana no depende de ellos, sino de sus padres.
¿Refuerzan lo aprendido? Un niño de 11 años sólo necesita saber sumar, restar, multiplicar, dividir, escribir (correctamente) y leer (con fluidez), para afrontar con éxito la Secundaria. ¿Eso no se puede aprender en 6 años de trabajo diario en clase? Los niños no refuerzan lo aprendido en clase por la tarde: lo aborrecen. Hasta que no tuve hijos, y estos empezaron a estudiar en Primaria, no me di cuenta de la suerte que tuve de ir a un colegio en el que no se mandaban deberes hasta la 2ª etapa de E.G.B. (de 6º en adelante) y, la verdad, no me ha ido nada mal en mis estudios posteriores.
Y ahora voy a explicar por qué sostengo que son injustos e inútiles: para empezar, los deberes que se mandan son los mismos para todos los niños, independientemente de su capacidad y circunstancias personales. Esto es, por definición, absurdo e injusto: si mi hija, que está en 1º de ESO, no hubiera tenido unos padres profesores (y por lo tanto con estudios y MUCHO tiempo para dedicarle) no habría obtenido los resultados tan buenos que obtuvo en Primaria. Pero a pesar de toda la ayuda que le hemos dado, mi hija ha dedicado cientos de horas a realizar tareas escolares absurdas y repetitivas. Porque la mayoría de las actividades incluidas en los libros de texto se basan en la repetición, en el aprendizaje memorístico al pie de la letra, en copiar mecánicamente y en seguir unas pautas de realización muy concretas, que no dejan margen ninguno a la creatividad, y que logran destruir la curiosidad de los niños. Además, las tareas que mandamos, en muchos casos, no siguen criterio pedagógico alguno: he podido comprobar cómo el número de ejercicios o de trabajos que tenía que hacer mi hija en una asignatura, aun teniendo al mismo profesor, variaba enormemente de un año para otro por el mero hecho de que, al cambiar de editorial, el nuevo libro tenía muchos más o muchos menos ejercicios que el del año anterior. Es decir, que los profesores mandamos todos los ejercicios que vienen en el libro, sin plantearnos cuántos o cuáles son los necesarios: si son diez, diez, y si son veinte, veinte (y, por supuesto, HAY que hacer todos los ejercicios y dar todos los temas del libro). Y este no es un problema del colegio de mis hijos (de cuyos profesores, excelentes profesionales, no tengo, por otra parte, ninguna otra queja), sino que es un problema generalizado de nuestra profesión.
Pues bien, yo confieso que he hecho docenas de ejercicios de Matemáticas a mi hija (si, por ejemplo, le mandaban cinco divisiones, ella hacía una y yo cuatro) le he dictado montones de ejercicios de “Cono”, le he traducido incontables páginas escritas en Inglés, le he ayudado con decenas de ejercicios de Lengua y le he hecho muchos trabajos de diferentes asignaturas (mi mujer, además, le ha ayudado a terminar incontables láminas de dibujo y trabajos manuales). ¡Y no me arrepiento! Lo he hecho para que mi hija tuviera una infancia feliz y durmiera todos los días 10 horas. Gracias a eso, mi hija es una niña sana, además de una gran deportista, le encanta leer y escribir por puro placer, juega al ajedrez, toca la guitarra y es una niña abierta y sociable que ha jugado cientos de horas en la calle. Y si ahora que está en la ESO puedo asegurar que no le ayudo nada en absoluto y sigue sacando muy buenas notas, ¿eran necesarios todos esos deberes que le mandaron y no hizo? ¿Qué pasa con todos los niños cuyos padres trabajan mañana y tarde y, además, no tiene estudios para poder ayudar a sus hijos? Pues simplemente que este sistema educativo injusto, que coarta la libertad y la creatividad de los niños, los margina irremediablemente y los señala como niños irresponsables y fracasados, a la vez que los hunde con negativos, ceros y castigos, y les mina la autoestima, haciéndoles creer que no sirven para estudiar. Si las circunstancias familiares de cada niño son distintas, todo lo que se mande para casa es, por definición, injusto, y condena al fracaso a miles de niños cuyos padres no tienen tiempo, ni capacidad, para ayudar a sus hijos con los deberes escolares.
Pero además, los deberes son antipedagógicos porque hacen que los niños odien estudiar y aprender. A la mayoría de los niños les encanta ir al colegio, pero no soportan hacer deberes; para los niños estudiar y aprender es un castigo (mis hijos no pueden entender que yo siga estudiando por placer). Eso es lo que hemos conseguido mandando deberes hasta lograr el hastío de los niños.
Y lo peor de todo: los deberes ocupan tanto tiempo que los niños no pueden realizar otras actividades mucho más importantes para su desarrollo físico y psíquico; los profesores hemos logrado que los niños lleven una vida igual de sedentaria que los adultos, con el consiguiente problema, convertido ya en epidemia, de obesidad infantil generalizada.
Y es que los maestros no mandamos una actividad en concreto, un día en concreto, tras una meditada reflexión, por considerarla necesaria para conseguir un determinado objetivo que es imposible lograr con el trabajo de clase, tras plantearnos los pros y los contras y pensar de qué modo podemos lograr que nuestros alumnos se motiven con dicha actividad (en vez de considerarla un castigo), sino que lo hacemos de manera automática; porque sí, porque es lo que se supone que hacen los maestros.
Yo propongo que, siguiendo la lógica de mis compañeros maestros, los equipos directivos de los centros nos manden trabajo durante las vacaciones, para que no perdamos el hábito de trabajo adquirido durante el curso. Y que cuando asistamos a un curso de formación, nos manden deberes para el día siguiente con el fin de afianzar los contenidos del curso.
Muchos compañeros me comentan que son los padres los que exigen que se manden deberes a los niños. ¡Pues claro! Para muchos padres los deberes son la forma de que sus hijos estén ocupados y no les molesten pidiéndoles ir a la plaza a jugar. Muchos padres querrían que los niños estuvieran en el colegio hasta las 8 de la tarde, y, por supuesto que hubiera clase los sábados y que los niños siguieran yendo en julio al colegio. ¿Por qué no les hacemos caso en eso también?
¿Y qué deberían hacer, a mi juicio, los niños después de la jornada escolar? Pues según todos los estudios científicos y pedagógicos, está absolutamente demostrado que los mayores beneficios para el desarrollo neurológico y cognitivo de los niños se obtienen con las siguientes actividades: Deporte, Arte (Música, Dibujo…), Juego (imprescindible para la socialización de los niños y para desarrollar la creatividad), Idiomas y Lectura. El arte, la filosofía, la ciencia, la literatura, la música y todas las actividades más elevadas realizadas por el ser humano, son consecuencia directa del mayor logro conseguido por la humanidad: el tiempo de ocio.
Por lo tanto, los niños deberían pasar más tiempo con sus familias, jugar con otros niños (a ser posible en la calle) y practicar deporte, todos los días; aprender a tocar un instrumento musical, practicar una lengua extranjera y jugar al ajedrez, varios días a la semana. Y, sobre todo: leer, leer, leer, leer, leer… Sólo se debería mandar de deberes, en Primaria, leer todos los días el libro que ellos elijan. Y al día siguiente, en el colegio, hacer una redacción contando lo que han leído. Nada más; el resto de actividades se deberían hacer todas en clase. Si intentamos reducir el número de deberes no cambiaremos nada: todos los maestros están convencidos de que ellos mandan muy pocos deberes; sólo eliminándolos por completo lograremos acabar con esta sin razón.
Alfonso González
Leído en el post de Eva Bailen Lo que los deberes han conseguido
Yo confieso
La inmensa mayoría de los maestros (mis compañeros de profesión) considera que los deberes son absolutamente necesarios. Muchos estarían dispuestos a discutir sobre la cantidad adecuada, pero que hay que mandar deberes no se lo cuestionan; es algo tan evidente como que en invierno hace frío y que en verano hace calor. Digamos que es el orden natural de las cosas. Los maestros deben mandar deberes y los niños deben hacen deberes por la misma razón que la Tierra da vueltas alrededor del Sol y las plantas florecen en primavera: porque así ha sido siempre y porque así debe ser. La maldición bíblica “ganarás el pan con el sudor de tu frente” está tan arraigada en nuestra cultura que la hacemos extensible a los niños. La vida es dura; en este valle de lágrimas no estamos para disfrutar, sino para sufrir.
A casi cualquier maestro que le preguntes por la conveniencia de mandar deberes a los niños te contestará, igual que se recita un mantra, que los deberes cumplen tres funciones: refuerzan lo aprendido, enseñan responsabilidad y crean un hábito de trabajo. Y de ahí no los vas a sacar. Eso es lo que hicieron con ellos sus maestros, eso es lo que les han enseñado en la escuela de magisterio y eso es lo que harán hasta que se jubilen. No importa que nuestro país, año tras año, esté a la cola de los países avanzados, en cuanto al rendimiento escolar se refiere, a pesar de que nuestros alumnos sean los que más días de clase tiene al año y más horas dedican a los deberes en casa. Da igual que todos los estudios internacionales demuestren que los países en los que menos deberes se mandan (o en los que directamente están prohibidos por ley) sean los que mejores resultados obtienen; da igual que todas las investigaciones serias hayan demostrado que los deberes no sólo no sirven para nada, sino que pueden ser perjudiciales. Para muchos de mis compañeros de profesión tales estudios son una patraña de pedagogos progres que no quieren que a los niños se les transmita la cultura del esfuerzo.Frente a esos argumentos repetidos por tantos profesores, mi experiencia me dice que los deberes son inútiles, antipedagógicos, profundamente injustos y, lo que es peor, impiden a los niños realizar otras actividades mucho más importantes. Pero en primer lugar voy a explicar por qué, a mi juicio, tales argumentos son una falacia y un sofisma.
¿Hábito de trabajo? Si dedicar 9 meses al año, 5 días a la semana y 5 horas diarias a la realización de tareas escolares, para un niño de entre 6 y 11 años, no es suficiente para lograr un hábito de trabajo, que alguien me explique qué se necesita para lograr ese hábito. Niños en edad de correr y jugar, están sentados en una silla de madera 5 horas diarias realizando tareas aburridas y repetitivas, mientras exigimos que estén en silencio y concentrados. Cuando los profesores asistimos durante nuestra jornada laboral a una charla de más de una hora, nos retorcemos en nuestros asientos y miramos el reloj con desesperación, a pesar de que somos adultos y se nos supone una mayor capacidad de autocontrol y sacrificio, ¡por no mencionar que nos pagan por ello! Mi hija de 8 años, por ejemplo, dedica al trabajo muchas más horas que yo y que absolutamente todos los profesores que conozco (y conozco muchos).
¿Responsabilidad? Existen muchas formas de enseñar responsabilidad, y no sólo la de cumplir con la obligación de hacer deberes; sin olvidar que no podemos exigir responsabilidad a quien por su edad no es responsable de su tiempo ni de sus circunstancias. La responsabilidad se adquiere progresivamente, y me parece normal empezar a exigirla en la ESO, pero no en Primaria: el tiempo del que disponen los niños por la tarde o los fines de semana no depende de ellos, sino de sus padres.¿Refuerzan lo aprendido? Un niño de 11 años sólo necesita saber sumar, restar, multiplicar, dividir, escribir (correctamente) y leer (con fluidez), para afrontar con éxito la Secundaria. ¿Eso no se puede aprender en 6 años de trabajo diario en clase? Los niños no refuerzan lo aprendido en clase por la tarde: lo aborrecen. Hasta que no tuve hijos, y estos empezaron a estudiar en Primaria, no me di cuenta de la suerte que tuve de ir a un colegio en el que no se mandaban deberes hasta la 2ª etapa de E.G.B. (de 6º en adelante) y, la verdad, no me ha ido nada mal en mis estudios posteriores.
Y ahora voy a explicar por qué sostengo que son injustos e inútiles: para empezar, los deberes que se mandan son los mismos para todos los niños, independientemente de su capacidad y circunstancias personales. Esto es, por definición, absurdo e injusto: si mi hija, que está en 1º de ESO, no hubiera tenido unos padres profesores (y por lo tanto con estudios y MUCHO tiempo para dedicarle) no habría obtenido los resultados tan buenos que obtuvo en Primaria. Pero a pesar de toda la ayuda que le hemos dado, mi hija ha dedicado cientos de horas a realizar tareas escolares absurdas y repetitivas. Porque la mayoría de las actividades incluidas en los libros de texto se basan en la repetición, en el aprendizaje memorístico al pie de la letra, en copiar mecánicamente y en seguir unas pautas de realización muy concretas, que no dejan margen ninguno a la creatividad, y que logran destruir la curiosidad de los niños. Además, las tareas que mandamos, en muchos casos, no siguen criterio pedagógico alguno: he podido comprobar cómo el número de ejercicios o de trabajos que tenía que hacer mi hija en una asignatura, aun teniendo al mismo profesor, variaba enormemente de un año para otro por el mero hecho de que, al cambiar de editorial, el nuevo libro tenía muchos más o muchos menos ejercicios que el del año anterior. Es decir, que los profesores mandamos todos los ejercicios que vienen en el libro, sin plantearnos cuántos o cuáles son los necesarios: si son diez, diez, y si son veinte, veinte (y, por supuesto, HAY que hacer todos los ejercicios y dar todos los temas del libro). Y este no es un problema del colegio de mis hijos (de cuyos profesores, excelentes profesionales, no tengo, por otra parte, ninguna otra queja), sino que es un problema generalizado de nuestra profesión.
Pues bien, yo confieso que he hecho docenas de ejercicios de Matemáticas a mi hija (si, por ejemplo, le mandaban cinco divisiones, ella hacía una y yo cuatro) le he dictado montones de ejercicios de “Cono”, le he traducido incontables páginas escritas en Inglés, le he ayudado con decenas de ejercicios de Lengua y le he hecho muchos trabajos de diferentes asignaturas (mi mujer, además, le ha ayudado a terminar incontables láminas de dibujo y trabajos manuales). ¡Y no me arrepiento! Lo he hecho para que mi hija tuviera una infancia feliz y durmiera todos los días 10 horas. Gracias a eso, mi hija es una niña sana, además de una gran deportista, le encanta leer y escribir por puro placer, juega al ajedrez, toca la guitarra y es una niña abierta y sociable que ha jugado cientos de horas en la calle. Y si ahora que está en la ESO puedo asegurar que no le ayudo nada en absoluto y sigue sacando muy buenas notas, ¿eran necesarios todos esos deberes que le mandaron y no hizo? ¿Qué pasa con todos los niños cuyos padres trabajan mañana y tarde y, además, no tiene estudios para poder ayudar a sus hijos? Pues simplemente que este sistema educativo injusto, que coarta la libertad y la creatividad de los niños, los margina irremediablemente y los señala como niños irresponsables y fracasados, a la vez que los hunde con negativos, ceros y castigos, y les mina la autoestima, haciéndoles creer que no sirven para estudiar. Si las circunstancias familiares de cada niño son distintas, todo lo que se mande para casa es, por definición, injusto, y condena al fracaso a miles de niños cuyos padres no tienen tiempo, ni capacidad, para ayudar a sus hijos con los deberes escolares.Pero además, los deberes son antipedagógicos porque hacen que los niños odien estudiar y aprender. A la mayoría de los niños les encanta ir al colegio, pero no soportan hacer deberes; para los niños estudiar y aprender es un castigo (mis hijos no pueden entender que yo siga estudiando por placer). Eso es lo que hemos conseguido mandando deberes hasta lograr el hastío de los niños.
Y lo peor de todo: los deberes ocupan tanto tiempo que los niños no pueden realizar otras actividades mucho más importantes para su desarrollo físico y psíquico; los profesores hemos logrado que los niños lleven una vida igual de sedentaria que los adultos, con el consiguiente problema, convertido ya en epidemia, de obesidad infantil generalizada.
Y es que los maestros no mandamos una actividad en concreto, un día en concreto, tras una meditada reflexión, por considerarla necesaria para conseguir un determinado objetivo que es imposible lograr con el trabajo de clase, tras plantearnos los pros y los contras y pensar de qué modo podemos lograr que nuestros alumnos se motiven con dicha actividad (en vez de considerarla un castigo), sino que lo hacemos de manera automática; porque sí, porque es lo que se supone que hacen los maestros.
Yo propongo que, siguiendo la lógica de mis compañeros maestros, los equipos directivos de los centros nos manden trabajo durante las vacaciones, para que no perdamos el hábito de trabajo adquirido durante el curso. Y que cuando asistamos a un curso de formación, nos manden deberes para el día siguiente con el fin de afianzar los contenidos del curso.
Muchos compañeros me comentan que son los padres los que exigen que se manden deberes a los niños. ¡Pues claro! Para muchos padres los deberes son la forma de que sus hijos estén ocupados y no les molesten pidiéndoles ir a la plaza a jugar. Muchos padres querrían que los niños estuvieran en el colegio hasta las 8 de la tarde, y, por supuesto que hubiera clase los sábados y que los niños siguieran yendo en julio al colegio. ¿Por qué no les hacemos caso en eso también?
¿Y qué deberían hacer, a mi juicio, los niños después de la jornada escolar? Pues según todos los estudios científicos y pedagógicos, está absolutamente demostrado que los mayores beneficios para el desarrollo neurológico y cognitivo de los niños se obtienen con las siguientes actividades: Deporte, Arte (Música, Dibujo…), Juego (imprescindible para la socialización de los niños y para desarrollar la creatividad), Idiomas y Lectura. El arte, la filosofía, la ciencia, la literatura, la música y todas las actividades más elevadas realizadas por el ser humano, son consecuencia directa del mayor logro conseguido por la humanidad: el tiempo de ocio.
Por lo tanto, los niños deberían pasar más tiempo con sus familias, jugar con otros niños (a ser posible en la calle) y practicar deporte, todos los días; aprender a tocar un instrumento musical, practicar una lengua extranjera y jugar al ajedrez, varios días a la semana. Y, sobre todo: leer, leer, leer, leer, leer… Sólo se debería mandar de deberes, en Primaria, leer todos los días el libro que ellos elijan. Y al día siguiente, en el colegio, hacer una redacción contando lo que han leído. Nada más; el resto de actividades se deberían hacer todas en clase. Si intentamos reducir el número de deberes no cambiaremos nada: todos los maestros están convencidos de que ellos mandan muy pocos deberes; sólo eliminándolos por completo lograremos acabar con esta sin razón.Alfonso González
Leído en el post de Eva Bailen Lo que los deberes han conseguido
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